Testimonios sobre el Reverendo Moon
En Alabanza al Rev. Sun Myung Moon
Dr. Richard L. Rubenstein
Presidente Emérito, Distinguido Profesor de Religión, Universidad de Bridgeport
Dr. Richard L. Rubenstein
Presidente Emérito, Distinguido Profesor de Religión, Universidad de Bridgeport
La historia de mi relación con el Reverendo Moon comenzó en Florencia, Italia, en el otoño de 1975. En aquel momento yo estaba dando clases en el Centro de Estudios de la Universidad del Estado de la Florida en aquella ciudad y la Dra. Betty Rogers Rubenstein viajaba a diario a Boloña, para hacer una investigación para se discurso doctoral. En Florencia recibí una carta invitándome a participar de la Conferencia Internacional para la Unidad de las Ciencias (ICUS) en los Estados Unidos, en Noviembre de 1975. Quedé impresionado con el material que describía a la ICUS y que se adjuntaba a la carta, pero sentí que no podría dejar Florencia. Escribí a la secretaría de la Conferencia, pidiéndoles que mantuvieran mi nombre en la lista para una futura reunión de ICUS. No sabía que ICUS celebraba reuniones anualmente. Tampoco había leído o escuchado nada acerca del Reverendo Moon, su fundador.
El otoño del siguiente año, yo estaba en el Instituto Nacional de Humanidades, de la Universidad Yale, y estaba viviendo en la ciudad de New Haven en lugar de Florencia. De nuevo recibí una invitación a participar de la conferencia de ICUS, que se celebraría en Washington D.C., en Noviembre. Esta vez pude aceptar. Sin embargo, un número de mis colegas en la universidad Yale me recomendaron que no asistiera. Yo tenía, sin embargo, curiosidad sobre el Reverendo Moon y el movimiento de la Unificación. Un profesor muy poderoso de Yale me invitó a almorzar un día, para hacerme una advertencia sobre mi asistencia. El me advirtió que mi presencia tendría un efecto negativo en mi carrera académica. Yo era una amenaza directa. Yo le pregunté: "¿Por qué?", a lo que él respondió "¿No has leído los diarios?"
Yo le respondí que como un teólogo e historiador de religión entrenado, estaba mejor preparado para evaluar a un movimiento religioso que un periodista de un diario. Resolví asistir a ICUS y le pedí a la Dra. Betty Rubenstein que me acompañe. Todavía puedo recordar cuando tomamos el tren desde New Haven a Washington. Teníamos curiosidad pero en cierto modo también cierta aprensión. Para ese momento, ya habíamos leído varios textos muy desfavorables en los diarios, sobre el Reverendo Moon e ICUS. Tampoco ayudaron los piquetes frente al hotel Hilton de Washington, advirtiéndole a la gente que no asista a la reunión. Betty y yo estábamos enormemente impresionados con la calidad de la conferencia. Era una de las mejores a la que habíamos asistido. En ICUS formé parte de una sesión multidisciplinaria con eruditos y científicos de nivel internacional en cada campo. Conversé con premios Nobel, incluyendo a Sir John Eccles y Eugene Winer, con quienes me familiaricé mas tarde.
Estaba más curioso sobre el Reverendo Moon. No había tenido la oportunidad de tener una conversación directa con él en aquella reunión, pero era claro para mí que él es un hombre de un extraordinario carisma espiritual y su presencia comandaba cada reunión en la que él estaba presente. En otras posteriores ocasiones, recuerdo haber sido su invitado a una cena, junto con cuatro o cinco premios Nobel entre los invitados. Por virtud o por su extraordinaria personalidad poderosa, él era claramente la personalidad dominante. Especialmente lo recuerdo en ICUS cantando varias canciones en coreano. A pesar de que no entendía sus palabras, la fuerza de su personalidad se imponía. Noté que él tiene también un gran sentido del humor, lo que tomé como una señal positiva.
En la primavera de 1977, fue invitado para ofrecer una oración en la primera graduación del Seminario Teológico de la Unificación, en Barrytown, Nueva York. Inmediatamente antes del evento, yo bajé las escaleras saliendo de mi vuelo y vi al Reverendo Moon, quien también había llegado, mirando por la ventana en aparente meditación. No quise molestarlo. No pensé que él supiera quién era yo, por lo que decidí seguir caminando. Más tarde él me comentó que al verme pasar se dijo a sí mismo, "Rubenstein tiene agallas." Aparentemente, él tomó mi error al no presentarme -algo que no fue voluntario- como un símbolo de cierto tipo de independencia y coraje de mi parte.
A fines de los años setenta y los comienzos de los años ochenta fueron una época en la que nos norteamericanos nos dimos cuenta del extraordinario reavivamiento que estaba teniendo lugar en la Costa del Pacífico. A pesar de que era un adulto joven durante la II Guerra Mundial, mi educación e inclinación estaba más centrada en Europa. Me encontré con el Reverendo Moon y el Movimiento de la Unificación justo en el momento en que estaba dándome cuenta del déficit en mi educación y entrenamiento con respecto a Asia. Aparte del milagro industrial asiático, tenía una razón para cubrir ese déficit. El más joven de mis hijos estaba cortejando a una jovencita china, de Hong Kong, con quien se casaría en 1980.
Fui invitado a hablar en muchas conferencias internacionales en Asia, auspiciadas por el movimiento, comenzando con la Novena Conferencia Internacional por la Paz Mundial, bajo el auspicio de la PWPA, en Corea, en 1979. Este fue mi primer viaje a Asia. Vi el dinamismo de la región que tomé como un paralelo del dinamismo que vi en el movimiento de la Unificación.
En 1982 fui invitado a ser miembro fundador de la Junta de Consejeros del diario Washington Times. Nuevamente, muchos amigos me advirtieron contra mi aceptación. Me dijeron que el diario sería un órgano del movimiento de la Unificación y nunca sería tomado seriamente en Washington. Les dije a estos amigos que ellos no conocían al Reverendo Moon y que el proyecto sería un éxito. También les dije que The Washington Times sería un diario muy influyente, que llenaría un vacío en Washington. Estuve, por supuesto, acertado en ese juicio. El Reverendo Moon tuvo el coraje, la imaginación y el atrevimiento como para darse cuenta que la capital del mundo libre necesitaba una voz responsable y conservadora, en una coyuntura crucial de la Guerra Fría. El diario es ampliamente respetado y le ha dado al Reverendo Moon una mayor influencia ante los líderes del mundo. No tengo dudas que, cuando toda la historia sea contada, el Reverendo Moon sea comprendido como alguien que jugó un papel constructivo en la culminación de la Guerra Fría, así como en el establecimiento de contactos entre los Estados Unidos y Corea del Norte.
Pueden encontrarse discípulos del Reverendo Moon en cada país. Algunos arriesgaron sus vidas en países comunistas para llevar esperanza y una visión de un futuro mejor a la gente de esos países. Con esta extraordinaria red de discípulos, el Reverendo Moon fue uno de los líderes no-gubernamentales mejor informados del mundo.
En 1985 la Academia de Profesores para la Paz Mundial (PWPA) celebró una conferencia internacional bajo el título "La Caída del Imperio Soviético" en Ginebra, Suiza. Cuando escuché del tema de la conferencia pedí que tuvieran precaución, sugiriendo que un título más sugerente sería mejor. Un número de líderes de la PWPA fueron hasta el Reverendo Moon y le sugirieron títulos alternativos. Era muy extremo, pensaron, predecir la caída del Imperio soviético y hacerlo el tema de la conferencia. Sin embargo, el Reverendo Moon insistió en el título y con la sabiduría que nos da la retrospectiva, ¡hoy sabemos que fue lo correcto! ¡El, por lejos, entendía la situación mundial mejor que los expertos en relaciones exteriores!
También recuerdo la persecución que le infringió el gobierno de los Estados Unidos. Después de dar millones de dólares para apoyar a instituciones religiosas, culturales y caritativas de Estados Unidos, él fue encontrado culpable de evasión impositiva y sentenciado a una condena en la Prisión Federal de Danbury, Connecticut. Yo hablé sobre la injusticia del veredicto en una gira en el Constitution Hall en Washington D.C. Por aquellos días yo era un residente de la Florida, un estado que estaba inundado por el dinero ilegal de la droga. Le dije a la audiencia que si el gobierno era realmente serio sobre la evasión impositiva, haría vienen concentrar sus esfuerzos en la Florida en lugar de un líder religioso, quien abierta y públicamente había depositado su dinero en el Banco Chase Manhattan, Nueva York. Era pura persecución.
Junto con varios líderes de la PWPA, visitamos al Reverendo Moon en la Prisión Federal de Danbury, Connecticut. El estaba prolijamente vestido con ropa color caqui, relajado e irradiaba buen ánimo. Sentimos que fue un enorme privilegio que nos permitiera estar ahí. Le dimos un reporte sobre el trabajo que estaba haciendo la PWPA y otros proyectos del movimiento. Como siempre, su carisma dominó nuestra visita. Todos nosotros sentimos como si fuéramos sus invitados, como si nos encontráramos ya sea en su casa, en la recepción de una conferencia o en Danbury. Era aparentemente que su moral era excelente, que él trabajaba duro, que oraba largas horas y que tenía una poderosa influencia en sus compañeros de prisión. Esa visita fue inolvidable.
A menudo cuando fui invitado a grandes reuniones en las que él habló, tuve sentimientos tanto de placer como de temor. El tiende a elegirme durante sus charlas, algunas veces desafiándome sobre ideas religiosas, otras veces preguntándome alguna opinión. Recuerdo especialmente muchas ocasiones en el Manhattan Center, en Nueva York, y en la Iglesia de la Unificación, en Washington. En una oportunidad, él me preguntó frente a 2.000 personas "¿Tu amas a Dios?" Era una pregunta difícil de responder para mí. Simplemente decir "Si, por supuesto que amo a Dios" hubiera sido demasiado simple. Yo soy consciente de la maravillosa Majestuosidad de la Divinidad como para dar una respuesta simple. Cuando me hizo esa pregunta en la Iglesia, frente a tanta gente, fue especialmente difícil para mí responderle. Yo era su invitado y no quería expresar una opinión contraria. El me conocía muy bien. Tal vez era su forma de determinar si yo todavía tenía "agallas." Yo sabía que él no esperaba o deseaba que yo dijera algo para complacerlo. El hubiera perdido el respeto que me tenía si yo hubiera hecho tal cosa. Yo, por otro lado, nunca quise ser en manera alguna irrespetuoso hacia su persona. Mi desafío era expresar mi propia opinión sincera y respetuosamente. Entendí que al escogerme a mi, era una muestra de afecto y respeto. Entendí el honor que me concedió en esos encuentros y le devolví el afecto y el respeto con mucha gratitud.
Especialmente recuerdo una ocasión cuando yo estaba pasando el verano en Japón. Me informaron que el Reverendo Moon estaba en la ciudad de Gloucester, Massachusetts y deseaba verme. Viajé desde Tokio a Nueva York y desde ahí a Gloucester, donde me reuní con el Dr. Nicholas Kittrie y el Dr. Morton Kaplan. En Gloucester me dijo que tendría una tarea muy importante para mí. Esto me dejó perplejo. Yo ya había sido Presidente de la PWPA de Estados Unidos y en aquel momento era Presidente del Instituto Washington para los Valores en la Política Pública, un vástago de la PWPA y era miembro del Consejo Asesor Editorial del diario The Washington Times. No tenía idea de lo que él tenía en mente. Varios años más tarde él me confió la dirección de la Universidad de Bridgeport. Tal vez él mismo no tenía idea aún una clara idea de lo que era esa "tarea muy importante." La sociedad de la PWPA con la universidad no estaba si quiera en el horizonte por aquellos días. Sin embargo, el liderazgo de la Universidad de Bridgeport fue la tarea más importante que me dio.
Serví como presidente de la Universidad por cinco años. Esta fue una responsabilidad de enorme dificultad y responsabilidad y estoy agradecido al reverendo Moon por confiarme el liderazgo de la institución. Antes de que el Reverendo Moon rescatara a la universidad de cierto colapso y bancarrota en 1992, la institución experimentó la mayor y más amarga huelga en la historia de la educación superior de los Estados Unidos. La Academia de Profesores para la Paz Mundial entró en una fructífera sociedad con la universidad en 1992. Sin embargo, al igual que un transatlántico no puede cambiar rápidamente de dirección, el camino de la recuperación de la universidad no estaría falta de reverses. Una vez que se hizo público que la universidad y la PWPA formarían una sociedad, tanto la prensa como un importante segmento de la opinión pública en Connecticut criticaron vehementemente el acuerdo. A pesar de que la PWPA había prometido que respetaría y mantendría las bases de la universidad como institución no sectaria, había una extensa desconfianza y suspicacias sobre los motivos del Reverendo Moon. Desafortunadamente ninguno de los críticos ofrecieron una sugerencia constructiva sobre cómo la universidad podría restaurar su salud sin el apoyo del Reverendo Moon. Por otra parte, los críticos no entendían o no querían entender que todos los colegios y las universidades privadas en Nueva Inglaterra están públicamente regulados. Si hubiera habido una violación al acuerdo con la PWPA, de mantener el carácter no sectario de la institución, la escuela hubiera perdido rápidamente su acreditación. Desafortunadamente, algunos de los críticos preferían ver que la escuela cerrara sus puertas, antes de verla exitosa en su asociación con la PWPA. Al menos, estos críticos estuvieron motivados por la equivocada creencia de que la asociación finalmente probaría sea dañina para la comunidad. Había otros que estaban motivados por la avaricia. La universidad ocupa ochenta y seis acres (35 hectáreas) de tierras de primer nivel inmobiliario en Long Island. Si la universidad hubiera fallado, esta gente hubiera podido comprar la tierra por poco dinero.
Gracias al compromiso del Reverendo Moon con la Universidad, esta no falló. Las inscripciones y las ganancias se incrementan cada año desde 1995. Cuando yo fui presidente en 1995 había 1.900 estudiantes. Cuando dejé el cargo a fines de 1999 había 3.000 estudiantes y mucho más modernas y mejoradas instalaciones, gracias en gran manera por la generosidad de la Federación de Mujeres para la Paz Mundial (FMPM). El compromiso original de la PWPA con la universidad fue de $50.5 millones de dólares. Sin embargo, en la era de la información, las universidades son empresas costosas. Por lo tanto, no es para sorprenderse que fueran necesarios más fondos. En el comienzo del nuevo milenio, el Reverendo Moon y sus discípulos entregaron más de $110 millones a la universidad. Durante la crisis financiera asiática, encontrar los fondos fue una tarea difícil para la PWPA, al FMPM y otras organizaciones fundadas por el Reverendo Moon. Sin embargo, la PWPA cumplió con cada compromiso. Sin la dedicación y el compromiso del Reverendo Moon, la universidad fácilmente hubiera visto como sus fondos desaparecían en la crisis financiera que ocurrió en Asia.
Deseo concluir este breve tributo recordando una de las tareas más desafiantes que el Reverendo me confió. El 24 de Agosto de 1992 tuve el honor de responder al discurso que el Reverendo Moon entregó en la Escuela de los Angelitos, en Seúl, Corea, antes de una asamblea que incluyó a líderes religiosos, filósofos, científicos, líderes políticos, líderes de los medios de comunicación y autoridades gubernamentales de todo el mundo. No tuve la oportunidad de leer el discurso hasta uno o dos días antes de la ocasión. Cuando lo leí, me di cuenta que tal vez este haya sido el discurso más importante que el Reverendo Moon haya dado jamás. En el mismo, él se proclamaba a su entender como el Señor de la Segunda Llegada. La ocasión era demasiado solemne como para que yo dijera cualquier cosa simplemente para complacerlo y ni pensé en que eso fuera lo que él quería. La naturaleza del llamado del Reverendo Moon es un asunto de fe. Yo ni quería decir algo que pudiera estropear la solemnidad de la ocasión, especialmente para sus discípulos, ni tampoco quería falsear mis propios compromisos religiosos. En cierta forma, el Reverendo Moon estaba nuevamente probándome para ver si tenía "agallas" si yo fallaba completamente en apreciar la seriedad de la reunión en mi respuesta. Yo era, después de todo, su invitado y él me había honrado invitándome a responder su discurso más importante, en lugar de cualquier otro erudito o teólogo que estaba en esa reunión en Seúl. Mi respuesta se resume lo mejor posible en las siguientes palabras pronunciadas en la ocasión:
"Debo confesar que como historiador de la religión que recibió su capacitación científica en la Universidad de Harvard, lo que usted compartió con nosotros en una forma explícita y sin ambigüedades, sobre su entendimiento de quién es usted, es uno de los momentos más extraordinarios de toda mi carrera. Por cierto, usted mismo ha descripto el anuncio de su llamado como 'asombroso y temeroso.' Para mi mismo y para muchos de mis pares cuya vocación es el estudio científico de la religión, una asombrosa inspiración religiosa es algo que ocurrió, si ocurrió, hace mucho tiempo atrás. Nosotros nos sentimos más cómodos estudiando los eventos derivados de la inspiración religiosa y revelaciones en libros y manuscritos. Ocupados en esta labor, estamos interesados en nuestro tema, estamos tranquilos, estamos desapasionados y sin disturbios internos. La situación se transformada radicalmente, ciertamente se transforma, en algo como usted dice: realmente 'asombroso' cuando estamos confrontamos por un líder religioso inspirado, cuya vocación está en proceso de desplegarse en nuestro propio tiempo e incluso frente a nuestros propios ojos. Nosotros no estamos acostumbrados a tal manifestación de poder espiritual y carisma. Nuestra capacitación científica y profesional no nos ha preparado para ese encuentro. Por lo tanto, nos cuidamos a nosotros mismos en contra de esto inventando categorías sicológicas ara neutralizar su potencial, así como nuestra incomodidad frente a ello. Sin embargo, el poder espiritual está ahí, y cualquiera sea la tradición religiosa con la que estemos arraigados, lo sentimos. Estoy seguro de una cosa sobre su visión mesiánica: todos sus trabajos, de los cuales el mundo ha recibido muchos beneficios, han salido de su visión mesiánica. Sin ella, no hubiera existido ICUS, ni la PWPA, ni The Washington Times, ni la Asamblea de las Religiones Mundiales, ni la Escuela de los Angelitos, ni la revivificación de la Universidad de Bridgeport; sin su visión mesiánica, su pequeña iglesia original de Busán nunca se hubiera transformado en la fuerza religiosa mundial para el mejoramiento de la humanidad que ahora está liderando."
Esta declaración expresa mucho de lo que continúo sintiendo sobre el Reverendo Moon y su misión. Repito, ninguna persona en mi vida adulta, más allá de mi familia, ha tenido un mayor impacto en mi vida. El Reverendo Sun Myung Moon es un líder religioso mundial quien ha prohibido la palabra imposible de su vocabulario. El escucha siempre a los expertos quienes le dicen lo que no se puede hacer y por qué no puede hacerse. Entonces él se adelanta y lo hace.
